lunes, 21 de noviembre de 2016

La capital del surf

Primer baño en Australia, en Thirteenth beach, a unos 100 km de Melbourne en la Great Oceans road.
Dormimos a pie de playa, en un parking  con una señal de "peligro zorros" y el típico cartel de canguros en la carretera.
Mosquitos asesinos y muchos nervios por ver las olas que me iba a encontrar al amanecer.
Fué divertido, buen ambiente en el agua con los locales y muy buenas sensaciones de emoción y nerviosismo.

Es muy bonito la forma que tienen de vivir el surf aquí. Familias surfeando todos juntos, señores y señoras de unos sesenta años entrando al agua al amanecer.
Después visitamos Torquay, "La capital del surf" lo llaman.
Es un pueblito pequeño, con muchas tiendas de surf y pubs con ambiente surfero. Unas cuantas playas seguidas con muchos spots para surfear.

Hoy comenzamos la ruta hacia NSW.






domingo, 20 de noviembre de 2016

Toma de contacto

Por fín en Australia!
Despues de 30 horas de viaje, recogemos la furgo y nos dirigimos a visitar Melbourne.

Que mejor manera de quitar el miedo de conducir al revés, que entrando en una ciudad de mas de 4 millones de habitantes, a las 12 AM de un domingo con solazo, unos 25 grados y la gente ansiosa de playa.
Ha sido la misma sensación que tuve hace diez años cuando mi profe de autoescuela me soltó por la A8 un lunes a las 8 de la mañana sin haber cogido un coche en la vida.
Pero bueno, despues de un par de sustos, le hemos pillado el truco...

Me ha gustado Melbourne pero no la imaginaba así. Ciudad multicultural y moderna dentro de una bahia, con rascacielos enormes y calles larguísimas repletas de tiendas, pubs y mil restaurantes de todo tipo.



domingo, 6 de noviembre de 2016

De costa a costa, de orilla a orilla

Mientras conducía de camino a casa me he puesto a pensar en las distancias. Lo que está cerca o lo que está lejos es muy subjetivo.

Hace algunos años, cuando mi hermano hacía una hora de coche para ir a surfear a Cantabria teniendo las playas de aquí a cinco minutos, me parecía una locura.

Con los años, ha ido aumentando mi rango de kilómetros para ir a surfear y he ido conociendo cada vez mas playas y rompientes.
He viajado a muchos sitios y la mayoría de las veces solo. Es decir, dando vueltas de una playa a otra sin prisas ni tener que marear a nadie (que también lo he hecho).

Ahora, pegarme dos horas de coche para ir a Asturias a bañarme en mi playa favorita y otras dos para volver, no me cuesta nada si las condiciones son buenas. 
Incluso he llegado ir al medio día después de currar, darme un baño de dos horas y volver. Surrealista.
Cuando lo he comentado a mis compañeros del trabajo en el café, me han mirado un poco raro la verdad.

He llegado a un punto que cuando se acerca el finde, no solamente miro las previsiones de mi playa, sino que miro el parte de olas desde Francia hasta Galicia, incluso echo un ojo al parte de olas del mediterráneo. Este finde me he hecho 1200 kilómetros como si nada. ¿Donde está el limite?

Hoy, un domingo cualquiera, a las cinco de la tarde estaba surfeando tranquilamente en un spot a seis horas de mi casa. Sabiendo que si salía a las seis del agua, no me iba a acostar más tarde de lo normal, porque a mí me gusta trasnochar y no suelo dormirme antes de la una de la mañana.

Ahora, ya en casa, me pregunto si habría vivido más tranquilo surfeando únicamente las playas que tengo cerca de casa. Creyendo que para hacerte un tubo te tienes que ir a Hawaii, pensando que en Galicia no se puede entrar al agua porque está congelada, que en Canarias los locales no te dejan surfear en sus playas o que en el mediterráneo no hay olas.

Hay mucha gente que piensa todo eso, no conoce más allá de su costa y viven muy tranquilos así. No tengo muy claro si yo lo estaría. Lo que si que tengo claro es que este finde he surfeado muy buenas olas, con el agua caliente y solazo; y que en mi ciudad no ha parado de llover con unas olas de mierda.

Mañana, cuando vaya a tomar el café con mis compañeros, me preguntarán a ver donde he estado el finde y si me ha merecido la pena. Les contestaré que sí, mucho.

Y no solo por las olas.

domingo, 30 de octubre de 2016

Vuelta al cole

Hoy he vuelto a surfear en una playa muy especial, en la que hacía mucho tiempo que no entraba.
Han pasado mas de diez años desde la última vez que entré a surfear allí, y eso que llevo meses acercándome a mirar a ver como está, pero nunca me ha convencido tanto como hoy.

Es una playa salvaje, diferente a todas las que tenemos cerca,  la yerba invade la playa y se mezcla con la arena oscura. Muchas rocas en la orilla y situada entre acantilados.
Es caprichosa y las olas no son buenas, pero cada cierto tiempo se alinean los astros y hay izquierdas increíbles.

Hoy no se han alineado, ni mucho menos.
Pero he recordado buenos momentos de mi adolescencia, bajando la cuesta, saltando al agua desde las rocas y observando el entorno tan verde que tiene esta playa.
Momentos de cuando era un niño y me acercaba con mis amigos a mirar el mar en el recreo. Las veces que nos escapábamos de clase para ir allí. Tardábamos diez minutos caminando hasta la playa, bajábamos con las mochilas hasta abajo y nos cambiábamos en las rocas.

He vuelto a la época del cole, a los diecisiete años, a la época de explorar la costa con las indicaciones de mi hermano que llevaba ya unos años en esto. Todo era nuevo para nosotros, eran los primeros inviernos que entrabamos al agua y estábamos descubriendo algo que no pensábamos que fuese a cambiar tanto nuestras vidas.


jueves, 13 de octubre de 2016

Nervios

Son 10 días los que llevo sin entrar al agua y ya noto el nerviosismo por todo el cuerpo. Toda la semana viendo vídeos de olas perfectas, mirando previsiones y especulando con qué sitio estará mejor o en cuál habrá menos gente...Parece que se acerca un finde de olas y buen tiempo en nuestras costas. Tengo que descansar para poder estar con fuerzas para mañana pero los nervios no me dejan. Cierro los ojos, intento mantener la mente en blanco para poder dormir pero me es imposible.

Imágenes de tubos interminables, arrecifes solitarios, rebotes y picazos...No paro de darle vueltas a una sesión de hace un mes en la que entré al agua solo, con el mar desordenado y feo. Al de cinco minutos se puso perfecto. Tubazos de izquierdas y yo solo en el agua.

El mar es así, por mucho que lo pienses, nunca se sabe lo que pasará.

Cantabria. Septiembre 2016.


lunes, 10 de octubre de 2016

Minha Terra

Ayer volví de Galicia. La tierra donde nació mi padre, parte de mi familia y antepasados. Un sitio donde me gusta ir a desconectar y a visitar a mis amigos. Cada vez que voy, descubro un sitio mágico y nuevo para mi.

En este viaje he conocido una zona que no conocía, donde se mezcla la fuerza del mar y la tranquilidad. Kilómetros de acantilados, frente a una carretera desierta. La soledad de unas pocas casitas antiguas frente al mar y un faro que guía a los marineros.

Tengo la manía de imaginar que tengo casas en los sitios que me gustan o me parecen especiales, de momento tengo cinco o seis casas repartidas por toda la costa.
Esta vez soñé con tener una casa en este nuevo lugar, lejos de la contaminación y con vistas al mar. Poder dormir cada noche con el sonido de las olas rompiendo contra las rocas y pasar horas observandolas desde mi ventana.
Soñé con poder ver el amanecer desde mi cama, un mar ordenado con su suave brisa terral de la mañana peinando las olas.

Esto es muy complicado pero soñar es gratis.


Cabo Silleiro, Bayona.
Octubre 2016. 

domingo, 2 de octubre de 2016

El Medi.

A penas se notan las mareas, en el mediterráneo el agua está mas salada de lo normal y las marejadas son muy cortas.
Eso es lo único que sabía antes de mudarme a Barcelona en 2013.

Viví allí una temporada, en la que aprendí muchas cosas. Sobre todo aprendí a tomarme el surfing de una manera diferente y a descubrir sentimientos que no había sentido en mis 15 años surfeando en el Cantábrico.

Fui con muchas ganas, con motivación e intención de surfear todo lo que pudiese,  porque como bien me dijo mi amigo Joli, ser surfista en el mediterráneo no es nada fácil, este mar no está hecho para impacientes ni para gente negativa con mala leche.
Si eres así y vives en el medi.. olvídate del surf, ni lo intentes. Mejor dedícate a patinar por la Barceloneta con un longboard.

Me sorprendió mucho la de tiendas y escuelas de surf que hay en Barcelona, no me lo imaginaba así. Vi mucho postureo en la orilla, pero rápido reconocí a la gente real. La gente que siente el surf de verdad y lleva tiempo en esto. A esos que no les importa ni el tamaño ni la lluvia, esos locos de los partes, optimistas y pacientes.
Gente a la que no le importa surfear mejor o peor, ellos son felices simplemente pudiendo entrar al agua. Siempre están con la sonrisa en la cara, esperando que venga la serie y acudiendo día tras día a su cita con el mar.
Hay que confiar, lo que tu das al mar, el mar te lo va a devolver.

El tiempo que estuve allí me enseñó a no desaprovechar nada de lo que nos regala Neptuno. Ya sean olas grandes, medianas o pequeñas, mares de viento o mares de fondo con viento terral, todo vale.

Este finde he vuelto a surfear el medi, he vuelto a reencontrarme con mis compañeros en el agua y hemos vuelto a disfrutar juntos de las olas.

No eran olas perfectas, ni mucho menos, pero eso no importa.

Joli y Laura en Ajo.
Agosto 2016.