viernes, 30 de diciembre de 2016

Fin de año

Ya se acerca el fin de año, y como siempre en estas fechas, echamos la vista hacia atrás y hacemos valoraciones.
Este año he conocido sitios donde nunca había estado antes como Rodiles y la Isla en Asturias, la Rana en Galicia y la cementera en Barcelona.

He repetido sitios que me gustan mucho como Andrín, Doniños, el Brusco y Las landas. Y me he quedado sin surfear en la Fortaleza.

La vuelta al trabajo no ha sido tan dura como pensaba. He intentado no pensar mucho en lo que estaba haciendo hace unas semanas en Australia, me he limitado a trabajar y fantasear en mis ratos libres en cual será mi siguiente viaje.

El fin de semana escapé a una de mis playas preferidas donde había muy buenas condiciones.
Después de estar tres horas en el agua, ya no quedaba nadie, estaba solo, no había ni un alma en toda la playa, entonces salí y me puse a caminar por la orilla. Mirase donde mirase no se veía a nadie.

Pensad, ¿recordáis cuando ha sido la última vez que habéis estado solos de verdad? No hablo de ir al curro en autobús, ni de coger el metro, hablo de estar unos días solo contigo mismo, con tu cabeza, con tus pensamientos. Parece sencillo, pero no lo es.

Normalmente, tenemos de costumbre el ir por la vida sin pararnos a pensar, siguiendo el camino que la rutina nos tiene preparado. Pero no, en este día para mí no había camino alguno, tampoco tenía prisa, ni planes, así que tuve un encuentro muy profundo con mi mente.
Se habían juntado ciertos factores, y estando a 100 km de mi casa, era como si siguiese en Australia.  Sol, olas y una playa paradisíaca de arena blanca para mí solo.
Si hubiese tenido prisa, no habría podido disfrutar de este momento de soledad. Creo que a veces hay que frenar y levantar la cabeza. A veces no hace falta irse de viaje hasta la otra punta del planeta para sentir esto, sino en improvisar, apartarse del camino o hacer una locura, como casi todo lo que vale la pena en esta vida.

 A veces el mundo va tan de prisa que no nos damos cuenta de lo que somos y tenemos a nuestro alrededor.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Thanks for all

Koalas, hormigas gigantes, canguros, lagartos, peces de colores...y sobre todo gente diez.
Hemos hecho grandes amistades en este viaje, Andrew de Melbourne, Aron y los colegas de Sydney, Jed de Brisbane, los locales de Thirteenth beach y Shark island...
Muy buena gente y de cada uno hemos aprendido algo nuevo.

Hoy es nuestra última noche en Australia y mientras vemos las fotos y ordenamos la furgoneta, recordamos los momentos y aventuras del viaje.

Muchas gracias Australia, ha sido una experiencia inolvidable y estoy seguro de que volveré en cuanto pueda, porque como leí el otro día, el dinero es algo algo que se puede recuperar, pero el tiempo no.

See you soon Oz.





lunes, 5 de diciembre de 2016

Carretera sin asfaltar

Eso es lo que nos ponía el GPS cuando decidimos parar a dormir en Yuraygir National Park.

Salimos tarde de Byron bay y despues de conducir 200 kilómetros nos empezó a entrar el sueño. El GPS marcaba que la zona de acampada estaba 10km por "carretera sin asfaltar", no tenia muy buena pinta, porque también nos decía que tardaríamos casi 45 min en llegar...

Vaya carretera, mil obstaculos, raíces, agujeros y hasta nos salió un zorrillo pequeño a marcar el camino.
El GPS no se equivocaba, tardamos 45 minutazos en llegar a la zona de acampada.

Amanecimos en un lago entre dunas gigantes y frente a una playa larguísima.
El parque era enorme; pasamos la mañana investigando la zona, nadando y fotografiando a animales extraños.

Llegamos a Sydney de noche y fuimos pronto a descansar para aprovechar Domingo.
Es sorprendente la actividad que hay un Domingo en las playas de Sydney. Desde las seis de la mañana hay nadadores, campeonatos de surf, actividades infantiles...los Australianos son muy enérgicos.
Después de estar toda la mañana en la playa surfeando y viendo peces, saludamos a unos amigos y preparamos una nueva excursión para el día siguiente.
Nuestro nuevo objetivo era ver Koalas y sabíamos que de camino a Melbourne había una reserva natural en la que con un poco de suerte, se podían ver.





viernes, 2 de diciembre de 2016

See u soon Brisbane!

Nuevo ataque de tiburon en Australia, en Booti Booti National Park, Forsters. Justo donde hicimos noche hace tres días.
Un tiburon blanco ataca a un señor de 64 años de edad que estaba surfeando.
El señor está estable, con unos cortes profundos en los brazos y piernas; la tabla está destrozada.
Por lo que ha dicho en la TV, era la primera vez que veía un tiburón en su vida.

Ya estamos bajando otra vez hacia Sydney y nos despedimos de Brisbane con una sonrisa en la cara.
Han sido tres días inreibles exprimidos a tope. Jed, nuestro anfitrión, nos ha enseñado cascadas, bosques y las mejores playas de la Sunshine Coast.

Ayer estuvimos en la famosa Gold Coast, una especie de Benidorm para los Australianos. Edificios enormes en frente de la playa, garitos, restaurantes de todo tipo...
Las olas no eran buenas, pero me dí un baño divertido en Duranbah beach o D-bah, como le llaman los Australianos. Es la última playa de la Gold coast, justo después de Snapper Rocks. La playa separa los estados de Queensland y NSW.
Es una playa pequeña, con un dique a cada lado que hacen que las olas formen codos y rebotes divertidos.



miércoles, 30 de noviembre de 2016

Big city beach

Cambio de planes. Hemos decidido ir a Brisbane a visitar a unos amigos y dejar Byron bay y las ballenas para la vuelta.

Después de darme otro baño mañanero en Shark island, dejamos Sydney y tomamos ruta hacia Brisbane. Hacemos noche en Forsters, un pueblito a mitad de camino, acampados entre lagos inmensos y playas de arena blanca.

Despues de conducir 800 kilómetros, Brisbane nos recibe con 26 grados a la sombra, rascacielos gigantes, puentes de diseño moderno y lo mejor de todo: una playa artificial de agua caliente en mitad de la ciudad.

El bañarse de noche en una playa entre edificios enormes ha sido una sensación que nunca pensé que me gustaría tanto. Hemos sustituido la naturaleza por las luces de neón y agua con cloro, pero ha sido divertido.




domingo, 27 de noviembre de 2016

The Shark Island

Ayer surfeé en Shark island.

Clásica ola de los vídeos australianos que llevo viendo desde crío. Derechón que rompe sobre un arrecife que se convierte en una isla al bajar la marea. Había series de metro y medio y todos los pros en el agua.
La ola se encuentra en Cronulla, un pueblo al sur de Sydney.

Me ha sorprendido mucho todo el movimiento y actividades que hay desde muy pronto. A las  6:30 de la mañana ya estaba todo lleno de gente corriendo, surfeando, nadando, haciendo yoga..
Es increíble lo activa que es la gente aquí, y no solo los jóvenes, sino de todas las edades.

Hemos hecho noche en Bondi beach, una preciosa bahía con tienditas, un skatepark y murales medio hippies delante de la playa.
Desde Bondi se suelen ver pasar a las ballenas desde Mayo a Noviembre, pero parece que vamos tarde porque no hemos visto ninguna.

Después de hacer el turisteo típico de Sydney (Ópera, Botanic gardens, etc...) nos dirigiremos hacia Byron bay.
Por lo que hemos leído también pasan ballenas por allí, a ver si tenemos mas suerte..










jueves, 24 de noviembre de 2016

La jungla

Ya estamos en New South Wales.

Un día de viaje conduciendo por carreteras con rectas kilométricas y lloviendo "cats and dogs". Dos móviles rotos y una chancla perdida es el precio que hemos tenido que pagar por este trayecto.

 Nos confundimos de camino por la jungla pero por fin llegamos a Bowley Point.
 Playas salvajes, lagos y bosques interminables.

 Estamos acampados en el parque nacional de Murramarang. Lagartos y todo tipo de pájaros conviven con nosotros. Hay canguros por todos lados ;están cerca de las furgonetas, en las mesas de picnic y en los jardines de las casas.

 Respecto al surfing, he surfeado una derecha corta pero intensa, de no mucho tamaño pero muy tubera. Rompía sobre un arrecife repleto de peces y frente a un bosquecito con una playa de arena blanca. A la tarde ha subido el mar, así que mañana me daré otro baño pronto y nos dirigiremos a Sydney.











lunes, 21 de noviembre de 2016

La capital del surf

Primer baño en Australia, en Thirteenth beach, a unos 100 km de Melbourne en la Great Oceans road.
Dormimos a pie de playa, en un parking  con una señal de "peligro zorros" y el típico cartel de canguros en la carretera.
Mosquitos asesinos y muchos nervios por ver las olas que me iba a encontrar al amanecer.
Fué divertido, buen ambiente en el agua con los locales y muy buenas sensaciones de emoción y nerviosismo.

Es muy bonito la forma que tienen de vivir el surf aquí. Familias surfeando todos juntos, señores y señoras de unos sesenta años entrando al agua al amanecer.
Después visitamos Torquay, "La capital del surf" lo llaman.
Es un pueblito pequeño, con muchas tiendas de surf y pubs con ambiente surfero. Unas cuantas playas seguidas con muchos spots para surfear.

Hoy comenzamos la ruta hacia NSW.






domingo, 20 de noviembre de 2016

Toma de contacto

Por fín en Australia!
Despues de 30 horas de viaje, recogemos la furgo y nos dirigimos a visitar Melbourne.

Que mejor manera de quitar el miedo de conducir al revés, que entrando en una ciudad de mas de 4 millones de habitantes, a las 12 AM de un domingo con solazo, unos 25 grados y la gente ansiosa de playa.
Ha sido la misma sensación que tuve hace diez años cuando mi profe de autoescuela me soltó por la A8 un lunes a las 8 de la mañana sin haber cogido un coche en la vida.
Pero bueno, despues de un par de sustos, le hemos pillado el truco...

Me ha gustado Melbourne pero no la imaginaba así. Ciudad multicultural y moderna dentro de una bahia, con rascacielos enormes y calles larguísimas repletas de tiendas, pubs y mil restaurantes de todo tipo.



domingo, 6 de noviembre de 2016

De costa a costa, de orilla a orilla

Mientras conducía de camino a casa me he puesto a pensar en las distancias. Lo que está cerca o lo que está lejos es muy subjetivo.

Hace algunos años, cuando mi hermano hacía una hora de coche para ir a surfear a Cantabria teniendo las playas de aquí a cinco minutos, me parecía una locura.

Con los años, ha ido aumentando mi rango de kilómetros para ir a surfear y he ido conociendo cada vez mas playas y rompientes.
He viajado a muchos sitios y la mayoría de las veces solo. Es decir, dando vueltas de una playa a otra sin prisas ni tener que marear a nadie (que también lo he hecho).

Ahora, pegarme dos horas de coche para ir a Asturias a bañarme en mi playa favorita y otras dos para volver, no me cuesta nada si las condiciones son buenas. 
Incluso he llegado ir al medio día después de currar, darme un baño de dos horas y volver. Surrealista.
Cuando lo he comentado a mis compañeros del trabajo en el café, me han mirado un poco raro la verdad.

He llegado a un punto que cuando se acerca el finde, no solamente miro las previsiones de mi playa, sino que miro el parte de olas desde Francia hasta Galicia, incluso echo un ojo al parte de olas del mediterráneo. Este finde me he hecho 1200 kilómetros como si nada. ¿Donde está el limite?

Hoy, un domingo cualquiera, a las cinco de la tarde estaba surfeando tranquilamente en un spot a seis horas de mi casa. Sabiendo que si salía a las seis del agua, no me iba a acostar más tarde de lo normal, porque a mí me gusta trasnochar y no suelo dormirme antes de la una de la mañana.

Ahora, ya en casa, me pregunto si habría vivido más tranquilo surfeando únicamente las playas que tengo cerca de casa. Creyendo que para hacerte un tubo te tienes que ir a Hawaii, pensando que en Galicia no se puede entrar al agua porque está congelada, que en Canarias los locales no te dejan surfear en sus playas o que en el mediterráneo no hay olas.

Hay mucha gente que piensa todo eso, no conoce más allá de su costa y viven muy tranquilos así. No tengo muy claro si yo lo estaría. Lo que si que tengo claro es que este finde he surfeado muy buenas olas, con el agua caliente y solazo; y que en mi ciudad no ha parado de llover con unas olas de mierda.

Mañana, cuando vaya a tomar el café con mis compañeros, me preguntarán a ver donde he estado el finde y si me ha merecido la pena. Les contestaré que sí, mucho.

Y no solo por las olas.

domingo, 30 de octubre de 2016

Vuelta al cole

Hoy he vuelto a surfear en una playa muy especial, en la que hacía mucho tiempo que no entraba.
Han pasado mas de diez años desde la última vez que entré a surfear allí, y eso que llevo meses acercándome a mirar a ver como está, pero nunca me ha convencido tanto como hoy.

Es una playa salvaje, diferente a todas las que tenemos cerca,  la yerba invade la playa y se mezcla con la arena oscura. Muchas rocas en la orilla y situada entre acantilados.
Es caprichosa y las olas no son buenas, pero cada cierto tiempo se alinean los astros y hay izquierdas increíbles.

Hoy no se han alineado, ni mucho menos.
Pero he recordado buenos momentos de mi adolescencia, bajando la cuesta, saltando al agua desde las rocas y observando el entorno tan verde que tiene esta playa.
Momentos de cuando era un niño y me acercaba con mis amigos a mirar el mar en el recreo. Las veces que nos escapábamos de clase para ir allí. Tardábamos diez minutos caminando hasta la playa, bajábamos con las mochilas hasta abajo y nos cambiábamos en las rocas.

He vuelto a la época del cole, a los diecisiete años, a la época de explorar la costa con las indicaciones de mi hermano que llevaba ya unos años en esto. Todo era nuevo para nosotros, eran los primeros inviernos que entrabamos al agua y estábamos descubriendo algo que no pensábamos que fuese a cambiar tanto nuestras vidas.


jueves, 13 de octubre de 2016

Nervios

Son 10 días los que llevo sin entrar al agua y ya noto el nerviosismo por todo el cuerpo. Toda la semana viendo vídeos de olas perfectas, mirando previsiones y especulando con qué sitio estará mejor o en cuál habrá menos gente...Parece que se acerca un finde de olas y buen tiempo en nuestras costas. Tengo que descansar para poder estar con fuerzas para mañana pero los nervios no me dejan. Cierro los ojos, intento mantener la mente en blanco para poder dormir pero me es imposible.

Imágenes de tubos interminables, arrecifes solitarios, rebotes y picazos...No paro de darle vueltas a una sesión de hace un mes en la que entré al agua solo, con el mar desordenado y feo. Al de cinco minutos se puso perfecto. Tubazos de izquierdas y yo solo en el agua.

El mar es así, por mucho que lo pienses, nunca se sabe lo que pasará.

Cantabria. Septiembre 2016.


lunes, 10 de octubre de 2016

Minha Terra

Ayer volví de Galicia. La tierra donde nació mi padre, parte de mi familia y antepasados. Un sitio donde me gusta ir a desconectar y a visitar a mis amigos. Cada vez que voy, descubro un sitio mágico y nuevo para mi.

En este viaje he conocido una costa que no conocía, donde se mezcla la fuerza del mar y la tranquilidad. Kilómetros de acantilados, frente a una carretera desierta. La soledad de unas pocas casitas antiguas frente al mar y un faro que guía a los marineros.

Tengo una manía que es imaginar que tengo casas en los sitios que me gustan o me parecen especiales, de momento tengo cinco o seis casas repartidas por la costa.
Esta vez soñé con tener una casa en este nuevo lugar, lejos de la contaminación y con vistas al mar. Poder dormir cada noche con el sonido de las olas rompiendo contra las rocas y pasar horas observandolas desde mi ventana.
Soñé con poder ver el amanecer desde mi cama, un mar ordenado con su suave brisa terral de la mañana peinando las olas.

Esto es muy complicado y soñar es gratis.


Cabo Silleiro, Bayona.
Octubre 2016. 

domingo, 2 de octubre de 2016

El Medi.

A penas se notan las mareas, en el mediterráneo el agua está mas salada de lo normal y las marejadas son muy cortas.
Eso es lo único que sabía antes de mudarme a Barcelona en 2013.

Viví allí una temporada, en la que aprendí muchas cosas. Sobre todo aprendí a tomarme el surfing de una manera diferente y a descubrir sentimientos que no había sentido en mis 15 años surfeando en el Cantábrico.

Fui con muchas ganas, con motivación e intención de surfear todo lo que pudiese,  porque como bien me dijo mi amigo Joli, ser surfista en el mediterráneo no es nada fácil, este mar no está hecho para impacientes ni para gente negativa con mala leche.
Si eres así y vives en el medi.. olvídate del surf, ni lo intentes. Mejor dedícate a patinar por la Barceloneta con un longboard.

Me sorprendió mucho la de tiendas y escuelas de surf que hay en Barcelona, no me lo imaginaba así. Vi mucho postureo en la orilla, pero rápido reconocí a la gente real. La gente que siente el surf de verdad y lleva tiempo en esto. A esos que no les importa ni el tamaño ni la lluvia, esos locos de los partes, optimistas y pacientes.
Gente a la que no le importa surfear mejor o peor, ellos son felices simplemente pudiendo entrar al agua. Siempre están con la sonrisa en la cara, esperando que venga la serie y acudiendo día tras día a su cita con el mar.
Hay que confiar, lo que tu das al mar, el mar te lo va a devolver.

El tiempo que estuve allí me enseñó a no desaprovechar nada de lo que nos regala Neptuno. Ya sean olas grandes, medianas o pequeñas, mares de viento o mares de fondo con viento terral, todo vale.

Este finde he vuelto a surfear el medi, he vuelto a reencontrarme con mis compañeros en el agua y hemos vuelto a disfrutar juntos de las olas.

No eran olas perfectas, ni mucho menos, pero eso no importa.

Joli y Laura en Ajo.
Agosto 2016.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Primera entrada

Después de un intenso día de curro, saliendo de noche de la oficina, me he decido a hacer algo que llevo tiempo pensando. Enciendo el portátil, me registro en la web y me aventuro a escribir este blog.

No tengo muy claro qué es lo que voy a contar... creo que voy a intentar transmitir las sensaciones que me dan las olas, el mar y su entorno. Voy a tratar de describir cómo son los lugares donde viajo y cómo me siento cuando estoy en ellos.

Llevo cogiendo olas desde que era un niño y siempre he tenido la necesidad de estar cerca del mar, incluso cuando viví lejos intentaba coger un tren a la costa para estar unas horas frente al mar. Aunque no pudiese surfear, con verlo y pensar en rompientes imaginarias me valía, después volvía a casa tranquilo y relajado.